Patricia Guerrero, an artist without limits

La bailaora Patricia Guerrero posa para ‘Diario de Sevilla’. / Antonio Pizarro

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Diario de Sevilla

Rosalía Gómez
24 Agosto, 2018

En su último trabajo, ‘Distopía’, la bailaora granadina afronta uno de los mayores retos de su carrera.

“Yo no he parado de bailar desde que era una niña y nunca he militado de forma activa en ningún partido u organización, pero me interesan cada vez más los temas sociales y creo que, como artista, he encontrado una especie de compromiso a la hora de contar cosas. Siento que es algo necesario hoy día porque hay que crear una conciencia social frente a las numerosas injusticias que existen y los artistas podemos llegar a mucha gente”.

Con estas palabras explica Patricia Guerrero (Granada, 1990) el porqué de su último trabajo, Distopía, un espectáculo que se estrenará en el Teatro Central, con las localidades ya agotadas, el próximo 9 de septiembre en el marco de la Bienal de Flamenco.

En realidad, la idea surgió de una propuesta que le hizo el Centro Pompidou de Málaga para ilustrar la exposición semipermanente que albergará hasta 2020 sobre las Utopías Modernas. A partir de ahí, con la valiosa colaboración del director de escena Juan Dolores Caballero -director también de su anterior espectáculo, Catedral-, Patricia Guerrero creó un personaje femenino que sufre en carne propia las contradicciones de una sociedad que acaba por pervertir cualquier utopía hasta convertirla en una distopía, es decir, llevándola hasta la más cruel de las dictaduras y, casi siempre, al sometimiento de la mujer por parte del hombre. La breve pieza presentada en junio contenía ya un imaginario ligado de algún modo a las numerosas fábulas futuristas reflejadas en libros y en películas como 1984, Un mundo feliz o Farenheit 451 y que, desgraciadamente, cada día presentan más similitudes con la realidad.

Así, si en Catedral buceaba en los condicionantes que la religión imprime en las mujeres, en Distopía la artista profundiza en el papel social que éstas desempeñan en las distintas sociedades, plenamente consciente de que estas reflexiones constituyen uno de los motores principales de su baile y de su necesidad de expresión.

“A pesar de la dureza del tema, la pieza es muy luminosa y muy rica musicalmente”, dice la artista

Guerrero deja muy claro, sin embargo que, a pesar de la dureza de su contenido, esta obra, dirigida como se ha dicho por Juan Dolores Caballero, es “un espectáculo de flamenco absolutamente luminoso, incluso divertido en ocasiones, en el que no intentamos contar ninguna historia concreta sino emociones que todo el mundo puede comprender, como la rebeldía frente a la opresión, el amor, la locura o la claudicación final, y en el que hay muchísimo baile (unos tientos con letras de Francisco Moreno Galván, una soleá con bata de cola, unas cantiñas preciosas…), si bien he tenido que crear una especie de código nuevo dentro de mi lenguaje para poder contar todas esas contradicciones de la protagonista. Un reto que he aceptado con enorme ilusión porque no quiero ponerme límites como artista, de la misma forma que no quiero dejar de hacer lo que deseo por ningún tipo de imperativo social”.

Es seguro, pues, que Distopía contendrá grandes dosis de danza, y de elevada calidad vista la trayectoria de esta joven de técnica apabullante -a pesar de no haber pisado nunca un Conservatorio de Danza- que con sólo diecisiete años había ganado ya, entre otros, el premio Desplante del Festival de las Minas de la Unión y que ha recorrido el mundo con compañías como las de Mario Maya, Rubén Olmo, Ballet Flamenco de Andalucía (en calidad de bailarina solista), Arcángel, Belén Maya o Andrés Marín y con la suya propia, con trabajos como Desde el Albayzín, Latidos del Agua, Doce tiempos (junto al violinista Bruno Axel) o el citado Catedral, Giraldillo al Mejor Espectáculo de la pasada Bienal, con el que lleva realizadas ya 48 funciones en numerosos países.

Patricia Guerrero, sacando músculo.

Siempre acompañada en el escenario por artistas de primer nivel, en Distopía ha contado con sus grandes colaboradores de siempre y con algunas novedades. Entre los primeros, el guitarrista Dani de Morón y el percusionista Agustín Diassera, dos intérpretes que “además, son grandes compositores y han creado una maravillosa banda sonora para el espectáculo”, dice la artista, cuya afición a la música la llevó a estudiar Magisterio en su rama Musical.

Junto a estos y a José Manuel Posada Popo (bajo eléctrico), estarán el bailaor Ángel Fariña y el bailarín de danzas urbanas Rodrigo García Castillo. Las voces serán las del joven cantaor granadino Sergio El Colorao y una cantante lírica, Alicia Naranjo, que pondrá el contrapunto lírico en algunas escenas.

“Un equipo fantástico y cien por cien comprometido en el proyecto con el que estoy absolutamente encantada”, dice la bailaora que, tras su estreno en el Central, volverá a la Bienal el día 16 , para bailar en el esperado Don Quixote de Andrés Marín.

2018-08-24T11:59:10+00:00